Con el comienzo de la primavera y la consecuente suba de temperaturas, los cítricos ingresan en una fase determinante para su rendimiento. El limonero, en particular, exige un manejo preciso del riego si se desea obtener limones de gran tamaño en los próximos meses.
La creencia de que existe una fórmula única y válida para todos es errónea. No se trata simplemente de regar a diario o establecer un día fijo cada semana. La realidad es mucho más matizada y depende de circunstancias específicas que varían de un cultivo a otro.
Antes que nada, la edad del limonero influye significativamente en sus necesidades de agua. Un árbol joven no demanda lo mismo que uno ya maduro. Asimismo, el tipo de suelo es fundamental: su capacidad de retención de humedad, su composición y drenaje afectan cuánta agua disponible tiene la planta en cada momento.
Las precipitaciones constituyen otro aspecto ineludible. En zonas con lluvias regulares, el aporte artificial puede ser menor o incluso innecesario en ciertos períodos. Por el contrario, en regiones más áridas, el riego se vuelve más frecuente y abundante.
Durante la primavera, cuando las temperaturas suben y la evapotranspiración aumenta, revisar constantemente el estado del suelo es la estrategia más efectiva. Introducir los dedos en la tierra a algunos centímetros de profundidad permite determinar si hay suficiente humedad o si es momento de regar. También es útil observar la planta en busca de señales de estrés hídrico, como hojas marchitas o cambios de color.
Este enfoque personalizado garantiza que el limonero reciba exactamente lo que necesita para desarrollar frutos grandes y de óptima calidad, evitando tanto la sequía como el encharcamiento. En la primavera, atender estas variables es invertir en una buena cosecha.
Imagen: Godfrey Claud / Pexels – Con informacion de El Cronista





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