La semana pasada llegó a Diputados una delegación amplia de la industria yerbatera, portadora de planteos que reflejan la polarización que existe dentro del sector. Productores y molineros aprovecharon el espacio legislativo para exponer sus posiciones divergentes respecto al futuro regulatorio del INYM.
Desde las filas de los productores independientes surgió un reclamo con énfasis: que el INYM recupere y amplíe sus facultades de control y regulación. Estos actores denunciaron que actualmente están en desventaja comercial frente a estructuras más grandes y que necesitan del aparato institucional estatal para negociar en condiciones más equitativas. Sin regulación, sostienen, sus márgenes se reducen progresivamente.
Los molineros presentaron una contraposición clara. Pidieron reducir la intervención regulatoria que consideran excesiva y contraproducente. Argumentaron que la desregulación selectiva permitiría modernizar la industria, mejorar la eficiencia y hacer más competitivo el producto yerbatero en mercados internacionales.
Este enfrentamiento de criterios en el Congreso revela que el sector yerbatero no constituye un bloque unificado. Las tensiones entre actores tienen raíces económicas profundas y no son fáciles de resolver con soluciones parciales.
Lo que suceda con el INYM en los próximos meses determinará en buena medida el rumbo de economías provinciales enteras. Misiones y Corrientes dependen significativamente de la actividad yerbatera, y sus trabajadores sienten cada fluctuación del sector.
El desafío está ahora en manos de los legisladores. Deberán evaluar cómo reformular el marco regulatorio sin destruir viabilidad para los productores ni obturar completamente la capacidad innovadora de los molineros. Se trata de un equilibrio delicado que exigirá decisiones complejas, pero necesarias para dar estabilidad y proyección a largo plazo a una industria que ha sido históricamente importante para Argentina.
Imagen: Lautaro Andreani / Unsplash – Con informacion de Clarín Rural






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