Según datos del organismo internacional, existen al menos 120 sabores identificados en productos vinculados al tabaco y la nicotina, con predominio de variantes dulces, frutales, alcohólicas y mentoladas. También se registran sabores menos comunes, como algunos de origen vegetal.

La Organización Mundial de la Salud remarcó que, aunque los cigarrillos continúan siendo responsables de la muerte de hasta la mitad de sus consumidores, siguen comercializándose con estos agregados o con dispositivos que permiten incorporarlos.

El director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que los sabores “están impulsando una nueva ola de adicción” y pidió su prohibición. En la misma línea, sostuvo que estas estrategias debilitan años de políticas de control del tabaco a nivel global.

Un informe reciente también señala que la industria ha desarrollado mecanismos como cápsulas en filtros o aditivos líquidos para sortear regulaciones y mantener el atractivo de estos productos, especialmente entre los más jóvenes.

Actualmente, más de 50 países ya avanzaron en la prohibición de sabores en productos de tabaco, mientras que otros también restringieron la venta de cigarrillos electrónicos. Sin embargo, muchos accesorios y productos saborizados continúan sin regulación estricta.

Además, la OMS detectó que una gran parte de los sitios web que comercializan estos productos no exige verificación de edad, lo que facilita el acceso de menores. El uso de diseños llamativos, colores y estrategias en redes sociales también contribuye a su difusión.

Para el director de Promoción de la Salud del organismo, Rüdiger Krech, el sabor es uno de los factores clave que explica por qué los jóvenes comienzan a consumir estos productos. “No se trata de innovación, sino de manipulación”, advirtió.

En este escenario, países como Bélgica, Dinamarca y Lituania avanzan con medidas para restringir estos productos, una línea que la Organización Mundial de la Salud insta a replicar a nivel global.

El organismo reiteró que todos los productos derivados del tabaco, incluidos los calentados, exponen a los usuarios a sustancias cancerígenas y deben ser objeto de regulaciones más estrictas.

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